PRÁCTICA 1. Material sobre el uso normativo de la lengua española en la actividad periodística y comunicativa

La comunicación siempre ha constituído una necesidad primordial de los seres humanos y para satisfacerla se han creado diversos medios que han ido evolucionando. Ha habido cambios sustanciales desde la época en que la comunicación era oral y pictográfica hasta esta era de globalización en la que vivimos. Los medios de comunicación son de muy variada naturaleza y utilizan distintos lenguajes y recursos para lograr sus obejtivos.
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Son evidentes las carencias y malos usos lingüísticos de la lengua periodística: reiteraciones de términos, incomprensión de determinadas acepciones, uso de extranjerismos innecesarios, cambios de género, puntuación incorrecta, uso impropio de preposiciones, tendencia a la nominalización, pomposidad lingüística, y un largo etcétera.
Vamos a centrarnos en el tratamiento que se da dentro de los manuales de documentación periodística, esas pequeñas herramientas que deben constituir la biblioteca de un medio de comunicación.
Haremos un breve repaso a las distintas obras que pueden contener.

LAS OBRAS DE REFERENCIA

En general se utilizan para satisfacer una necesidad de información puntual. Hay muchas tipologías de obras de referencia tanto por las materias que tratan, como por la profundidad que se trata cada tema, como por la presentación física de cada una de ellas. Para dar una respuesta efectiva y rápida a cada una de las necesidades de información se suele presentar la información en segmentos de una extensión relativamente pequeña y dichos fragmentos de texto se encuentran ordenados de forma que permiten el acceso a la información de forma rápida.
Las obras de referencia se pueden clasificar en base a cinco aspectos:
– La materia que tratan.
– El tipo de información que contienen
– El nivel intelectual con que están redactadas
– El alcance geográfico y cronológico de la información que contienen
– El soporte en el que se presentan
En cualquier caso, podemos encontrarnos con obras de referencia que tratan todas las materias en general, mientras que hay otras que tratan temas muy específicos y concretos.
Los distintos documentos que podemos encontrarnos son:

DICCIONARIOS

Diccionarios de definiciones, generales o especializados, normativos o descriptivo, de sinónimos, ortográficos, de equivalencias, bilingües o multilingües, etimológicos

ENCICLOPEDIAS

Generales, especializadas, obras enciclopédicas especializadas, repertorios biográficos, de ámbito español, de ámbito internacional

GUÍAS Y REPERTORIOS

Guías y repertorios de ámbito español, guías y repertorios de ámbito internacional.

ATLAS Y ANUARIOS GEOGRÁFICOS

LIBROS DEL AÑO Y CRONOLOGÍAS

Dentro de estos documentos, podemos encontrarnos con distintas clases de obras dependiendo del tratamiento que hacen de la información, de su cobertura temática o geográfica, etc.
El deterioro del uso lingüístico es general y todos somos responsables de él, pero los comunicadores, por ser un intermediario directo que ejerce un fuerte impacto sobre el ciudadano, hay que exigirle más responsabilidad lingüística. Se ha dicho que el lenguaje periodístico se usa mal por la prisa, cuando en realidad es debido a la falta de asimilación y a la falta de un buen aprendizaje lingüístico. La rapidez no debe prevalecer sobre el estilo, y ni mucho menos el periodista ampararse en ella para justificar la expresión errónea, desacertada e incorrecta, o la incongruencia gramatical.
Es verdad que los medios de comunicación han contribuido a neutralizar los niveles de lengua, reduciendo en ese modo las exigencias lingüísticas de los españoles.
Los manuales de estilo tratan de suplir ese vacío. Es evidente que si existen manuales de estilo es porque algunos profesionales no utilizan adecuadamente la lengua. Queda claro que el periodista la distorsiona, simplifica la sintaxis y puntúa mal, pero nadie debe creer que estos Manuales enseñan a escribir. Todos se apoyan en la gramática pero es de esperar que los periodistas la conozcan.
Un libro de estilo es un conjunto de normas internas de cada periódico que establecen un modelo genérico de cómo debe escribirse en particular para ese medio informativo.
Tratan de mejorar la lengua porque son conscientes de que los periódicos influyen decisivamente en el ciudadano. Son un modo de controlar los abusos de los profesionales y coinciden en señalar que el lenguaje periodístico debe ser claro, conciso y correcto.
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Hay que decir también que los libros de estilo no llegan a acuerdos; así, sobre el término caddie, el manual de El País aconseja traducirlo por «ayudante», mientras que el de EFE y el borrador de «ABC» recomiendan mantener la palabra inglesa, pero escrita entre comillas. El manual de EFE propone escribir Gadafi, pero El País y La Vanguardia aconsejan escribirlo con doble d. En otros casos, unos manuales no aclaran usos incorrectos de reiterada aparición y otros la ignoran, como sucede con la palabra mandatario. EFE aclara el significado y explica su uso correcto; La Vanguardia recomienda no usarla como sinónimo de gobernante, pero no explica por qué; El País no registra el vocablo, mientras que sólo el borrador de ABC, además de aclarar su significado, aconseja el uso de dignatario. Tampoco los mencionados manuales comentan que, por ejemplo, el verbo priorizar no existe en castellano, o, por señalar un último caso, únicamente el borrador de ABC explica que es incorrecto el uso de bilateral como sinónimo de recíproco.
En conclusión, podemos afirmar que los libros de estilo son una herramienta útil, pero no exclusiva, para mejorar el uso del lenguaje escrito en la prensa. Debido al dinamismo lingüístico y a la urgencia informativa, es necesario un acercamiento entre académicos, lingüistas y periodistas, un consenso común entre todos ellos, una mayor exigencia estilística entre los profesionales, un mayor asesoramiento lingüístico y una mayor conciencia de los errores idiomáticos. Hay que recapacitar constantemente sobre el uso de la lengua para frenar el deterioro de la misma, ya que, como se ha dicho, «un periódico bien escrito es la mejor escuela para el buen uso de la lengua».
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“Es una enorme desgracia no tener talento para hablar bien, ni la sabiduría necesaria para cerrar la boca”.
Jean de la Bruyere.

CAJÓN “DESASTROSO”


http://www.youtube.com/watch?v=alNoySJDN0o&p=2A5B699AA930AD2B&playnext=1&index=2
http://www.youtube.com/watch?v=09yVnKShCHQ
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